Fernández y Kicillof tratan de contener a los intendentes.

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La cumbre arrancó pasadas las 11 en el salón de eventos que ya funciona como una ampliación del búnker de Alberto en la calle México. Hasta ahí se movilizaron 47 intendentes bonaerenses alineados al Frente de Todos, la mayoría peronistas aunque también estuvieron varios «primos» del Frente Renovador encabezados por Sergio Massa, que se fue con una sonrisa apurada y sin hacer declaraciones.

Según coincidieron varias fuentes presentes en la reunión, el objetivo era «unificar» el discurso de la campaña nacional, provincial y municipal. En los hechos, significó más un «gesto» de Alberto y Kicillof de sentarse a escuchar durante casi dos horas la catarsis de los intendentes, que tuvieron un vocero por cada sección electoral. Los dejaron sentirse protagonistas de la campaña.

En el peronismo saben que, al menos hasta la fecha, María Eugenia Vidal necesita un corte de boleta superior a los 6 puntos para retener la Provincia. Por eso sus candidatos «sin tierra» -los que se postulan en municipios gobernados por el peronismo- lanzaron campañas completamente despegadas de Mauricio Macri que, pese a que repuntó, todavía les resulta un lastre en el Conurbano.

La preocupación en el kirchnerismo es que la tensión que todavía se percibe entre Kicillof y los intendentes -que se resistieron durante meses a llevarlo de candidato- también los lleve a hacer una campaña completamente focalizada en lo municipal que termine potenciando el corte de boleta. Por eso, la verdadera intención de la cumbre de este jueves fue terminar de limar asperezas y empezar a plantear una campaña unificada.

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