el corazón de Patricio Rey cumple siete décadas

Skay Beilinson (La Plata, 15/01/1952) nunca dejó huellas biográficas muy firmesEn las siete décadas de vida que ha existido hasta hoy, no se hizo mucho énfasis en la autodocumentación. A pesar de ser una figura clave en la historia del rock argentino, prefiere escabullirse como un fantasma.

¿Y aunque al revés de su antiguo amigo, compañero y némesis? el indio solari, optó por no aislarse y ser una persona pública (Hace mandados, sale a comer, corre periódicamente por Palermo, suele ir a tomar algo a los bares de sus amigos). Ha desarrollado un don sin etiqueta, a medio camino entre la invisibilidad y una tímida fragilidad que invita a no acercarse a él.

Y si lo hacen, no serán tan visibles. los ojos claros que animaban Marta Minujín para bautizarlo “cielo” en aquellos días en que el Instituto Di Tella y el rock no eran temas separados.

La prédica de Skay parece estar basada en el ejemplo. El más reciente, por ejemplo, se dio en su regreso a los shows en vivo, al frente de su banda (Los Fakires) en el Movistar Arena de Villa Crespo. Ante más de diez mil testigos, decidió traer primero un estreno (el blues-rock contracturado de palomas y escaleras) adjuntando, pegado, el tema más celebrado de la música local, Ji ji ji.

Así, en ese gozne sonoro, presente y pasado, se unieron en un mismo suspiro su actual solista y el himno de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, destrabando también en un feliz anticlímax la historia lógica de su espectáculo. La nostalgia nunca es un recurso u opción en este artista ni en su obra.

Sakay, con Poly. Más de medio siglo de amor.

“Esta es una historia sobre la libertad artística, la religión, la ambigüedad política, el autoaprendizaje y la creación de arte bajo un régimen represivo”. Lo mismo que dijo una vez el director de cine Andrei Tarkovski sobre el artista ruso del siglo XV Andrei Rubliov, el tema de su célebre película, podría describir el largo camino de Skay.

A partir de ahora, enlaza geográficamente con los orígenes directos de su apellido, que provienen de Bakú (Azerbaiyán) donde nació su padre Aaron, antigua república soviética, y actual país, cerca del Mar Caspio. Y no tan lejos de Georgia, otra ex república a la que los Beatles le guiñaron el ojo en De vuelta en la URSS, ese tema que abrió el álbum Blanco, publicado justo cuando el joven Skay estaba de paso por Europa, en 1968.

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libertad artistica

Es el que ponderó integrar la santísima trinidad del indie rock local, junto al Indio Solari y su compañero de vida, Polivinilo La Negra, al fundar Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. No fueron los primeros, pero fueron los que más lejos llegaron, hasta consolidarse como un fenómeno único en el mundo.

Desde la forma de componer sus canciones hasta la generación de sus espectáculos y la distribución de sus discos, hicieron el manual de texto que, una vez efectivo y aceitado, facilitó los movimientos de todo el rock argentino más exitoso de los ’90 hasta la fecha. Su carrera en solitario, que lleva ya dos décadas de estudio y trayectoria, es fiel a las modas trazadas desde finales de los ’70.

Los Redondos.  Con el Indio Solari formó una dupla histórica.  Una sociedad que duró un cuarto de siglo.

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su musica

Cuando el ilustrado, brillante y pícaro serial sensato Indio Solari “intenta” elogiar a su ex pareja en el documental Tsunami: un océano de gentey, no evita caer en la trampa de su propia tiranía.

“Hay tres solos de Skay que me parecen maravillosos: el de un palo entero, la de Etiqueta negra y me olvido del tercero porque soy grande”. Solari, cultista del montaje como parte del sistema creativo, sabe que está en medio de un documental y que un chasquido de dedos bastaría para pedir un corte y reparar el bache, pero no. Se hace así.

En sus dichos, ampliados en las memorias Recuerdos que mienten un poco, la aportación creativa de su excompañero en Los Redonditos de Ricota es mínima. Casi insignificante. Curioso todo, e incompleto hasta que Skay contesta los tiros por elevación.

Sospechoso, también, de la reducción de Indio al papel de “solista”, cuando una de las muchas habilidades sobresalientes del guitarrista es su habilidad para orquestar canciones, con riffs, puentes, solos y frases que se vuelven tan coreadas como las propias letras.

estilo Jimmy Page (Led Zeppelin), Beilinson no construye canciones, sino catedrales sonoras: himnos de una arquitectura forjada en un estilo muy propio, que sigue formando parte de la composición estética de sus siete discos en solitario, e incluso del interesantísimo material que subía durante la pandemia, un número por mes.

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Que muchos de los primeros músicos de Redonditos recordarlo como el que dirigía los ensayos con un silbato-péndulo en el pecho para domar el caos seminal tampoco aclararía las cuentas. Las canciones quedan, y su impronta es innegable.

Religión

El nacimiento de Patricio Rey.  Skay, mediados de los 70, en busca de su destino.

El nacimiento de Patricio Rey. Skay, mediados de los 70, en busca de su destino.

Una de las decisiones más importantes que tomó el núcleo creativo de Los Redondos, del que también formaba parte Guillermo Beilinson (hermano de Skay), fue erradicar la posibilidad de un líder del proyecto. Entonces, Patricio Rey, un don nadie, un demiurgo, un personaje ficticio detrás del que podrían unirse, Los Redonditos.

Se infiere que la verdadera razón del fin de la banda, a principios de este milenio, pudo tener con el momento en que el indio comenzó a erigirse como entidad individual, por encima del incorpóreo Patricio Rey, más allá de los supuestos ejemplos de desacuerdos minucias economicas y demas del interior de la banda.

Fuera de conjeturas, Skay siempre mostró su lado espiritual, sin asentarse nunca en nichos religiosos tradicionales, a pesar de tener sangre judía corriendo por sus venas. Más bien, puede pensarse como un hombre curioso y panteísta, en permanente búsqueda de síntomas y signos de iluminación.

En su pasaporte, es tan fácil encontrar sellos de lugares como Fez, Estambul y Jerusalén como de París, Berlín o Londres. Y en sus entrevistas prefiere nunca caer en las comidas picantes del Indio Solari y poner sus inquietudes en primer plano. “El misterio es existir”, el dijo Clarín, 2016.

Arte bajo represión

No lo cuenta la leyenda, pero el propio Beilinson en más de una ocasión, quien cuando junto con Poly y un grupo de amigos se retiraron de la ciudad al campo Para aterrizar en una experiencia comunitaria en Pigüé (suroeste de la provincia de Buenos Aires), la entonces paloma de un músico vivió días felices.

Se comunicaba con los pájaros y estuvo cerca de seguir los pasos de San Francisco de Asís cuando sus padres lo extirparon de ese mundo idílico con el diagnóstico de “neurosis mística”.

eso fue poco tiempo antes de que el ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo) secuestrara a su padre en 1973 y pusiera en peligro la vida de la familia, pásala muy bien hasta entonces.

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Sus siguientes exilios tierra adentro, siempre realizados con Poly, serían en la segunda mitad de los ’70 y tendrían destinos tan extremos como Salta (un par de años en el duro descampado) y Mendoza (para intentar enderezar una bodega que daba perdió).

Skay Beilinson, en los años 80.  La era de los pubs y los primeros himnos.  Cuando la masividad posterior era algo insospechado...

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En ambos casos, las razones tenían un triple play: 1) Seguir evitando la rutina ciudadana. 2) Buscar sacar provecho de la tierra o los negocios que la familia Beilinson había mantenido a pesar de la quiebra posterior al rescate. 3) Estar fuera del radar de la violencia estatal instalada que se inició con la Triple A durante el gobierno de Isabel Perón y se agudizaría con el Golpe Militar de 1976.

De hecho, era la necesidad de volver de vez en cuando a La Plata y reunirse con sus viejos amigos lo que le serviría de excusa para acelerar y aceitar los tiempos de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota como vehículo carnavalero de tanto dolor, ausencia, dolor y distancia.

Auto aprendizaje

Skay, un iluminado en su propia oscuridad.  Foto Martín Bonetto.

Skay, un iluminado en su propia oscuridad. Foto Martín Bonetto.

Sin gurú, sin methor, sin maestro. Como lo expresó el legendario músico Van Morrison en uno de sus álbumes (No Guru, No Method y No Master), Skay logró por sí solo crear un estilo inconfundible.

Tenía 17 años cuando presenció un espectáculo de Jimi Hendrix en el Royal Albert Hall. de londres (febrero de 1969) y unos meses después regresaba a La Plata con bombas como el disco debut de Led Zeppelin.

Eso para un hombre que siempre funcionó como una antena sensible, fue suficiente. Pero no definitiva. Por lo que deduce, sus seguidores hicieron uno de los canciones más tiernas y certeras que se puede escuchar en la escena local.

“Es una noche especial / no te la vas a perder / toca el corazón / de Patricio Rey”. Porque allí donde se asumía al indio como el rostro de la leyenda (y La Negra Poly, ventrílocuo silencioso del sueño ricotta, podría ser el hígado), Skay late y sonríe, como asumir que no todos los sueños se pierden.

WD

Esta nota contiene información de Clarin, Infobae, Telam y Ambito.